Poemas Cristianos para Reflexionar
Poemas cristianos de reflexión profunda sobre la vida, Dios, la fe y el propósito espiritual.
El Barro y la Mano
Hay una mano que moldea lo que tiembla,
que desciende al polvo oscuro sin temor,
y en el silencio húmedo de la tierra
dibuja con los dedos lo que soy.
No elegí la arcilla que me habita,
ni el horno que endureció mis grietas viejas,
pero en cada quiebre que me agita
entra la luz que ningún muro ciega.
Así aprendo: ser vasija es ser abierto,
recibir el agua que no vine a hallar,
saber que lo roto no es lo muerto
sino el umbral por donde puede entrar.
La mano sigue —pausa, toca, vuelve—
como el río que regresa a su cauce,
y en lo que cede, en lo que se disuelve,
nace la forma que el amor no tausce.
Tiempo en el Desierto
El desierto no devora, purifica;
sus silencios pesan como pan sin sal,
y en la sed que arde y que multiplica
aprendes que no todo es vertical.
Hay días que son piedra bajo el paso,
noches que se alargan sin estrella,
y sin embargo —extraño, lento, escaso—
algo invisible te sostiene en ella.
No es la voz que truena desde el monte,
es el susurro tibio entre las rocas,
el horizonte que jamás se acorte
y las huellas tuyas —únicas, pocas.
Cuarenta días o cuarenta años,
el desierto enseña lo que el lujo niega:
que los dones más profundos y más sanos
llegan sólo cuando el alma se despega.
Semilla en Oscuridad
Nadie ve lo que comienza bajo tierra,
el movimiento lento de la cáscara
que cede —sin estruendo, sin que entierra
la memoria— a una fuerza que la acapara.
Morir es esa rotura imperceptible,
ese instante en que lo duro ya no cabe,
y el germen busca, ciego e irresistible,
la dirección que solo el suelo sabe.
Así también el alma en su quebranto
rompe lo conocido para alzarse;
no hay resurrección sin ese llanto
oscuro y fértil donde hay que entregarse.
Confía en lo que crece sin testigos,
en el silencio verde que se labra;
los frutos más hermosos y más dignos
nacen donde nadie vio la palabra.