Poemas Cristianos de Esperanza

Tres Cantos para Tener Esperanza

Poema cristiano de esperanza inspirado en la fe, la perseverancia y las promesas de Dios.

Tres Cantos para Tener Esperanza

Tres cantos para tener esperanza

Colección poética · voz lírica cristiana · arte mayor con rima asonante


I. El ancla en la niebla

Actitud lírica: meditativa · Temple de ánimo: sereno y expectante

Hay una voz que suena antes del alba,
anterior al rocío y a la piedra,
que desata en el pecho lo que yeda
el miedo cuando el alba tarda o falta.

No es sonido que el oído desembala
sino luz que atraviesa las costillas,
sinfonía de manos amarillas
que sostienen lo que el mar desbarata.

Cuando el lino del cielo se hace oscuro
y el horizonte borra sus contornos,
algo muerde el abismo desde adentro:

un ancla que no cede en lo más duro,
clavada en lo invisible de los sordos
silencios donde habita lo eterno.

— Hebreos 6:19


II. Semilla bajo el hielo

Actitud lírica: efusiva · Temple de ánimo: tenso y luminoso

Debajo del invierno que no cede,
donde el suelo guarda su silencio de hierro,
algo verde y ciego empuja, no retrocede,
algo que no tiene nombre pero tiene dueño.

La espera tiene un sabor a tierra húmeda,
a médula que entiende lo que el ojo no descifra;
el tiempo, que parece inmóvil, nunca duda,
trabaja en las raíces con su cifra.

No es ingenuidad la que sostiene al trigo
enterrado en diciembre entre la escarcha:
es la certeza antigua de que el frío

no define el final, sino la marcha.
Y que alguien, desde afuera del principio,
ya vio en la semilla el campo en flor, el lirio.

— Juan 12:24 · Jeremías 29:11


III. Lo que el río sabe

Actitud lírica: canción · Temple de ánimo: ardiente y manso

El río no pregunta si llegará,
dobla en la roca y sigue su corriente;
lo que no entiende el agua lo presenta
su propio movimiento: ir, no más.

Así el que espera: no calcula el mar
ni mide la distancia en su lamento,
sino que en la oscuridad del pensamiento
percibe, como sal, la certeza del umbral.

Hay un calor que saben las vigilias largas,
un brillo que no viene de la luna
sino del nombre que el silencio alberga

cuando la noche pesa como cargas
y alguien, desde adentro, en la laguna
del pecho, abre una grieta y nos despierta.

— Salmos 46:4 · Isaías 43:2