Poema Cristiano sobre la Fe en Dios
Poema cristiano sobre la fe en Dios, la esperanza bíblica y la confianza espiritual en tiempos difíciles.
Poemas de Fe
I. El ancla en lo invisible
La fe no es la piedra que se toca con los dedos,
sino el río subterráneo que empuja desde adentro,
esa corriente oscura que fluye sin ser vista
y rompe, al fin, en manantial de luz y centro.
Camino sobre aguas que no comprende el ojo,
y el abismo debajo no detiene el paso entero;
lo que la mano ignora, el alma ya lo sabe:
existe el suelo firme antes de que lo encuentre el pie en el sendero.
Hay voces que florecen sin semilla conocida,
hay promesas que saben a pan antes del fuego,
y en el silencio hondo donde la duda habita
se escucha como un pulso el nombre verdadero.
No temo la tiniebla que cae sobre el mundo,
pues llevo entre los huesos un amanecer interno;
la fe es ese calor que no precisa llama,
esa luz que no cede aunque todo quede negro.
II. Cartografía de lo que no se ve
Trazar mapas del viento es lo que hace el creyente,
medir con manos temblorosas lo eterno,
beber la certidumbre de una copa que no existe
y quedar, sin embargo, plenamente satisfecho.
Hay una geometría que el ojo no comprende,
ángulos de esperanza que desafían el tiempo,
y en esa arquitectura levantada sin planos
habita el que sostiene lo visible y lo inmenso.
He visto cómo el trigo germina bajo el hielo,
cómo el árbol resiste doblado por el viento;
así la fe trabaja en lo profundo del pecho,
raíz que no se muestra pero ancla el firmamento.
No es certeza ciega ni razón detenida:
es mirar más allá del horizonte conocido,
es escuchar el nombre que resuena en la sangre
antes de que la lengua pronuncie el primer sonido.
III. Umbral
Hay un umbral de luz entre la noche y el alba
donde el corazón aprende a respirar de nuevo,
donde la fe no es grito sino brasa encendida,
silencio que madruga antes que el mundo quieto.
En ese borde exacto donde la duda sangra
y el espíritu desnudo tiembla sobre el suelo,
algo más antiguo que el miedo toma el pulso,
algo más alto que la angustia levanta el vuelo.
La fe no es la respuesta que elimina la sombra,
es la mano extendida en el centro del misterio,
es pararse ante el abismo sin retroceder un paso,
y sentir que los pies están sobre terreno.
Creer es este acto: inclinarse hacia lo oscuro
con la extraña certeza de ser sostenido entero,
como el pájaro que salta antes de abrir las alas
y descubre, cayendo, que ya estaba en vuelo.