Poemas religiosos
Estos poemas religiosos están escritos para leerse en voz alta: en la congregación, en una fecha señalada de la iglesia o en el silencio del domingo.
Poemas evangélicos para la congregación
El cuerpo que canta
No somos un edificio con ventanas,
ni el eco de una música prestada;
somos la voz que aprende a sostenerse
cuando alguna garganta ya no canta.
Aquí el que llega roto no se explica;
le basta con sentarse, y alguien mira,
y en ese solo gesto se reparte
un pan que sabe a casa recibida.
Que suene fuerte entonces lo que cantas,
aunque la nota tiemble en la garganta;
el cielo no distingue la destreza,
distingue al que se entrega y no se guarda.
Poemas para la iglesia evangélica en su aniversario
La casa que se levanta sola
Hace años alguien puso la primera
silla en un salón que olía a cemento,
y sin saberlo entonces, comenzaba
algo que ya no cabe en este templo.
Han pasado los himnos y los nombres,
las manos que sirvieron sin estruendo,
los que ya no están y sin embargo
siguen sosteniendo lo que vemos.
No celebramos hoy una fachada,
ni los años contados en la placa;
celebramos la terca permanencia
de un amor que no supo irse a casa.
Poema religioso sobre el domingo
Séptimo día
El domingo no empieza en la mañana:
empieza el sábado, cuando se guarda
la herramienta y se mira lo cumplido
sin la prisa de ayer sobre la espalda.
Hay una luz distinta en esas horas,
un silencio que huele a ropa nueva,
y el tiempo, que seis días fue una cuesta,
se vuelve por un rato una vereda.
No es descansar de todo lo que hicimos,
es recordar de quién es lo que tienes;
por eso el séptimo día no se gana,
se recibe como todo lo que viene.
Versos religiosos para la vida de fe
La poesía religiosa no sustituye a la oración, pero la acompaña: pone en orden lo que uno siente antes de saber decirlo.
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